Devota correspondencia desde el corazón del Principado
(Por orden cronológico inverso)
Querida hermana.
Sigo obsesionada con lo del Consejo de Conventos. A pesar de las ventajas del gobierno rotatorio, he llegado a pensar que tal vez lo mejor, ante los ojos de nuestro Señor, para evitar celos estériles, para alejar el fantasma de la vanidad, dado que el trozo de cielo y el metro cúbico de aire que se superpone encima de nuestros claustros estará ya consolidado, es que, pasado un tiempo de transición, pongamos que cuatro años, se cree una presidencia vitalicia, algo así, que me perdone el Santo Padre por la metáfora, algo así como un Papa de nuestros conventos, un Papita paternal, un viejecito la Masía de Montserrat (ni el de la Masía de Montserrat, ni nuestra Carísima abadesa Rovira, ni el abad zurdo de Poblet, ni el abad bajito de Ripoll al que le gusta algo el vino), que conozca bien y sepa administrar nuestros trozos de cielo y nuestros metros cúbicos de aire. La vida en los conventos discurriría por sí sola, sin necesidad de abades rotativos, por la propia fuerza de los dogmas que se inspiran en nuestros trozos de cielo y metros cúbicos de aire. ¿Qué te parece el subrayado? ¿No estaríamos ante la antesala del cielo? Todas la monjitas y monjitos llevando la misma vida y rezando las mismas oraciones por la fuerza de la doctrina. Me muero de sólo imaginarlo
Tu amada hermana en el Señor.
SOR CATALINITA DEL PENEDÉS.
jueves, 9 de noviembre de 2006
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