martes, 20 de febrero de 2007

20 febrero. (Sobre el catequista Pérez Tremps y ese Tribunal Civil)

Devota correspondencia desde el corazón del Principado

Querida hermana en EL NUESTRO SEÑOR DE LA NUESTRA REGLA Y DE LOS CATEQUISTAS:

Mecachis. Ahora soy más pesimista que hace tres días, cuando te escribí la última carta. Ahora sale ese catequista de Pérez Tremps, el que fue recusado por sus colegas del Tribunal Civil, con que no dimite de ese Tribunal Civil, llamado Constitucional, que tiene que juzgar nuestro Estatut-Regla. No hay que fiarse de los catequistas, hermana, me lo ha dicho muchas veces mi superiora Rovira, la del luengo bigote, no hay que fiarse de los catequistas: “no son curas ni monjes ni monjitas y se mueren por una taza de chocolate caliente”.
En resumen, que ha antepuesto su suculento sueldo y el prestigio profesional a su deber de catequista, que no es otro que dimitir para que otro ocupe su lugar y garantizar la aprobación constitucional de nuestro Estatut-Regla.
Desagradecido catequista. ¿Es que no sabe que fue puesto en el Tribunal Civil por ser catequista y nuestro y con la única finalidad de apoyar nuestra regla?
Este es el inconveniente de vivir en esa ciudad civil llamada Madrid: contamina, relaja, hace olvidar la devoción.
Buena estará nuestra amada abadesa Rovira, la de la tripa baturra, que si no está ya estará pronto por esos mundos, por India y por ahí.

Tu amada hermana en EL NUESTRO SEÑOR DE LA NUESTRA REGLA Y DE LOS CATEQUISTAS.
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SOR CATALINITA DEL PENEDÉS

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