Querida hermana EN EL NUESTRO SEÑOR DE LAS NO ELECCIONES Y DEL ABAD HITLER (y destruye esta carta en cuanto la leas)
¿Recuerdas, hermana, que nos empezamos a escribir a propósito de las elecciones en noviembre del año pasado al Parlament de Cataluña, es decir, al Consejo de Conventos que es Cataluña? Ahora se han vuelto a celebrar elecciones municipales aquí y municipales y autonómicas allá. Y felizmente ha vuelto a repetirse la fórmula del Consejo tripartito de abades, todos juntitos en torno a nuestra lengua sagrada latina catalana, en torno a nuestra nación catalana y a nuestro Eastatut-Regla monástica. Cierto que los curas de CiU han quedado fuera, pero, bueno, por razones de celos de personalidad o de poder. El abad de la MASía de Montserrat se considera el más guapo y no puede soportar que un tipo tan poca cosa como el abad de Ripoll, que tiene nombre de vino de montilla forastero, mande más que él. Tarde o temprano entrarán en el Consejo de Conventos y entonces será el mundo perfecto. Porque todos, todos, mi Carodísima abadesa Rovira, el abad Zurdo de Poblet con nombre de futbolista, Saura, el Abad de Ripoll, con nombre de vino forastero de montilla, y el abad de la MASía de Montserrat, son buenos, buenísimos curas.
Ya sabes que a mí y a nuestro querido Señor lo de las elecciones ni nos va ni nos viene. La democracia es algo que viene bien coyunturalmente. Yo, y tú seguramente, y muchos como yo, curas, monjes y monjitas, lo que queremos es un estado natural de las cosas que se imponga por sí mismo, una forma de gobierno emanada directamente por Dios. Y cuando esto llegue, ¿para qué elecciones? ¡Ah, cuando esto llegue, bastará con que un abad viejecito rija los destinos de nuestro Convento de Conventos que es Cataluña! Todo vendrá sin estridencias, sin crispaciones: todos rezaremos; todos lo haremos en nuestra sagrada lengua catalana; todos iremos, cuando tengamos que salir a la calle, no de manifestación sino en procesión; todos nos sabremos desde pequeñitos y de memoria, como esos chicos del Corán, los preceptos de nuestro Estatut-Regla. Me derrito con sólo pensarlo, hermanita mía. Que algunos llamen a esto dictadura o totalitarismo, me da igual. Esto mismo, querida hermana, todo esto lo hizo a la perfección, aunque luego le saliera mal por culpa de civiles ingleses y americanos, el ejemplo de todos los abades, el abad primero de todos los abades, que vivió y mandó en Alemania, el abad Hitler.
Chisss, hermana, tacha nada más leer la carta el nombre propio final del anterior párrafo. No porque no crea que fue un buen abad, sino porque por “coyuntura” no conviene. Ahora nos conviene decir que ese primer abad de abades alemán es ejemplo de los fachas civiles, esos del PP o de Ciutadans, porque la gente no tiene ni idea de lo que es ser facha o nazi. Entre nosotras, hermana, y por favor destruye esta carta, ¿por qué crees que mi CARODísima abadesa Rovira lleva bigote?: porque admira a ese primer abad de abades que fue Hitler, ni más ni menos.
En fin, esperando que algún día nos mande un abad viejecito investido por Dios, se despide
¿Recuerdas, hermana, que nos empezamos a escribir a propósito de las elecciones en noviembre del año pasado al Parlament de Cataluña, es decir, al Consejo de Conventos que es Cataluña? Ahora se han vuelto a celebrar elecciones municipales aquí y municipales y autonómicas allá. Y felizmente ha vuelto a repetirse la fórmula del Consejo tripartito de abades, todos juntitos en torno a nuestra lengua sagrada latina catalana, en torno a nuestra nación catalana y a nuestro Eastatut-Regla monástica. Cierto que los curas de CiU han quedado fuera, pero, bueno, por razones de celos de personalidad o de poder. El abad de la MASía de Montserrat se considera el más guapo y no puede soportar que un tipo tan poca cosa como el abad de Ripoll, que tiene nombre de vino de montilla forastero, mande más que él. Tarde o temprano entrarán en el Consejo de Conventos y entonces será el mundo perfecto. Porque todos, todos, mi Carodísima abadesa Rovira, el abad Zurdo de Poblet con nombre de futbolista, Saura, el Abad de Ripoll, con nombre de vino forastero de montilla, y el abad de la MASía de Montserrat, son buenos, buenísimos curas.
Ya sabes que a mí y a nuestro querido Señor lo de las elecciones ni nos va ni nos viene. La democracia es algo que viene bien coyunturalmente. Yo, y tú seguramente, y muchos como yo, curas, monjes y monjitas, lo que queremos es un estado natural de las cosas que se imponga por sí mismo, una forma de gobierno emanada directamente por Dios. Y cuando esto llegue, ¿para qué elecciones? ¡Ah, cuando esto llegue, bastará con que un abad viejecito rija los destinos de nuestro Convento de Conventos que es Cataluña! Todo vendrá sin estridencias, sin crispaciones: todos rezaremos; todos lo haremos en nuestra sagrada lengua catalana; todos iremos, cuando tengamos que salir a la calle, no de manifestación sino en procesión; todos nos sabremos desde pequeñitos y de memoria, como esos chicos del Corán, los preceptos de nuestro Estatut-Regla. Me derrito con sólo pensarlo, hermanita mía. Que algunos llamen a esto dictadura o totalitarismo, me da igual. Esto mismo, querida hermana, todo esto lo hizo a la perfección, aunque luego le saliera mal por culpa de civiles ingleses y americanos, el ejemplo de todos los abades, el abad primero de todos los abades, que vivió y mandó en Alemania, el abad Hitler.
Chisss, hermana, tacha nada más leer la carta el nombre propio final del anterior párrafo. No porque no crea que fue un buen abad, sino porque por “coyuntura” no conviene. Ahora nos conviene decir que ese primer abad de abades alemán es ejemplo de los fachas civiles, esos del PP o de Ciutadans, porque la gente no tiene ni idea de lo que es ser facha o nazi. Entre nosotras, hermana, y por favor destruye esta carta, ¿por qué crees que mi CARODísima abadesa Rovira lleva bigote?: porque admira a ese primer abad de abades que fue Hitler, ni más ni menos.
En fin, esperando que algún día nos mande un abad viejecito investido por Dios, se despide
Tu querida hermana EN EL NUESTRO SEÑOR DE LAS NO ELECCIONES Y DEL ABAD HITLER (y destruye esta carta en cuanto la leas)
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