Las oraciones del buen monjita Sor Catalinita del Penedés, o cómo mantener limpio el convento del Principado.
Sor Catalinita sigue reflexionando, desde su convento del Penedés, sobre la patada que un monaguillo del abad-lehendakari le dio ahí a Aguirre, ese civil de Basta Ya que se atrevió el otro día a ir a las puertas del Tribunal Superior de Justicia del País Vasco. En realidad, a Sor Catalinita le importa poco esa patada. Ahora está soñando por lo que podría ser su convento y el Convento de conventos que es Cataluña y el País Vasco a poco que los civiles les dejaran hacer.
Su carodísima abadesa Rovira, una abadesa con bigote de verdad y que se aprieta bien el cinturón debajo del hábito, se ha atrevido a presentar ante el Sínodo-Parlament una propuesta para la autodeterminación, aunque no con mucho éxito. Pero no importa. La volverá a presentar. Su carodísima abadesa Rovira quiere lo mejor para ese Convento de conventos, que es Cataluña, lo mismo que el abad-lehendakari quiere lo mejor para ese Convento de conventos, que es el País Vasco.
Aún recuerda con emoción aquel día en que, en la primera sesión del nuevo Sínodo-Parlament, el presidente del Sínodo cerró la sesión con un sonoro VIVA NUESTRO METCRO CÚBICO DE AIRE LIBRE, que todo el mundo tradujo con el vulgar VISCA CATALUNYA LLIURE.
De hecho ahora está en su cuarto escribiendo la siguiente carta a una muy querida hermana suya del convento de la MASía de Montserrat. Admírese su lirismo:
Querida hermana: no me digas que no es más espiritual decir VIVA NUESTRO METRO CÚBICO DE AIRE LIBRE que decir VIVA NUESTRO HUERTO LIBRE, o VIVA NUESTRO CONVENTO LIBRE, o VIVAN NUESTRAS TIERRAS LIBRES, o VIVAN NUESTRAS LAS ROSAS DE NUESTRAS ROSALEDAS. En todo caso mucho más espiritual que decir VISCA CATALUNYA LLIURE.
Sobre el aire quiero hablarte hoy, amada hermana en el Señor. Porque sin pan ni comida podemos vivir acaso cuarenta días. Sin agua, acaso cinco o seis días. Pero sin aire, ni dos minutos Si pudiéramos medir la columna de aire que desde todo el perímetro de nuestro convento del Penedés se eleva hasta el cielo, seguro que alcanzaba una buena medida en hectómetros cúbicos de aire. Estos hectómetros cúbicos de aire son, está claro, nuestros, de nuestro convento, porque en nuestro convento se apoyan, son AIRE LIBRE nuestros. Lo mismo ocurre con los hectómetros cúbicos correspondientes de los otros tres conventos del Principado, el de la MASía de Montserrat, el de Poblet y el de Ripoll; son nuestros, son AIRE LIBRE nuestros, porque en nuestros conventos se apoyan. Pero, ¿qué pasa con los metros y hectómetros cúbicos de aire que median entre nuestros conventos? ¿Dejan de ser nuestros para ser de los no curas, monjes o monjitas, para ser de los civiles que no viven dentro de conventos? De ninguna manera, de ninguna manera, mi enérgica protesta; porque date cuenta de que nuestros conventos están estratégicamente situados en el Principado, marcan sus puntos cardinales y sus cuatro esquinas, forman un cuadrado perfecto, sagrado. Eso quiere decir que todos los hectómetros cúbicos de aire intermedios no son “civiles”. Así lo ha querido Dios, no hay duda, Dios, que es NUESTRO SEÑOR DEL NUESTRO METRO CÚBICO DE AIRE LIBRE NUESTRO.
Ahora Sor Catalinita ha interrumpido su carta y levanta los ojos hacia el techo de su celda. Dejémosla así, con los ojos colgados. Ella seguro que estaría muy conforme si en un espejo se viera. Espíritu, aire, espíritu.
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